
¡Zas! Besos a tutiplén.



En una noche sencilla...
Hacía varias noches que Jasone y Marina charlaban mientras colocaban los tejidos en el portaobjetos, los cubrían de KOH y los sellaban con un pintauñas que habían conseguido en un todo a cien de horarios desordenados. Comentaban lo preciosa que debía estar quedando la casa de Creu; imaginaban unas habitaciones acogedoras, de piedra rescatada y algún objeto antiguo. Y la madera. ¡Qué entusiasmo compartido por la madera! Estaría por todas partes, con sus vetas, sus nudos y, esperaban, sin ningún visitante horadador indeseado. 
Semanas más tarde, la búsqueda insaciable de Nino no había dado resultado alguno hasta que algo sucedió inesperadamente. Un paquete postal con innumerables matasellos llegó a nuestro taller. Intrigadas, depositamos el bulto encima del tablero de trabajo y con ojos interrogativos observabamos todos sus detalles.
En la fugaz noche de presentación, la cámara fotográfica recogió miles de instantáneas de nuestro recién presentado personaje. Al día siguiente, como consecuencia de la desaparición de nuestro protagonista, la sierra de marquetería se dispuso a crear répiclas del rostro del Nino que sirviesen a Bombis y Borombis para difundirlas por la blogosfera y ayudar así a la búsqueda del personaje. Los tarros de pintura del taller han querido participar en esta tarea y han coloreado los modelos de madera y han dado expresión al rostro del Nino para ofrecernos pistas de cómo podemos encontrarnoslo ahora. Ha podido teñirse o camunflarse para no ser descubierto. ¿Porqué se esconderá tanto? ¿Es que cree que podemos usurparle algo?
En su afán escapatorio el Nino intenta despistarnos creando una réplica a su imagen y semejanza. Calca su clon en una madera dorada y espera disimulando sobre otra a que no sepamos distinguirle de su alter ego. Pobre Nino... no se da cuenta que nos ha puesto en bandeja este juego de pendientes que cierran el conjunto de inauguración de su propia colección. Los tendremos a los dos aunque uno de ellos no sea más que una copia. ¿Cuál de ellos es el original? Que levante la mano el Nino de verdad...
Queremos dar un pequeño homenaje a estas dos compañeras de la blogosfera, artistas del detalle y creativas incansables. Estos son nuestros tesoros. Vamos reuniendo trabajos vuestros que nos apasionan, que nos llaman desde el otro lado de la pantalla al conectarnos con vuestros talleres virtuales. Estamos orgullosas de que nos visitéis de vez en cuando. Sabéis que tenéis las puertas abiertas. 


Había permanecido escondido en aquel tarro de tinta durante décadas. Al principio, todo lo veía muy negro, pero con el tiempo me fui adaptando. El medio líquido siempre me había parecido maravilloso y allí me quede, surcando el mar negro, chapoteando, buceando hasta tocar el frío cristal. De vez en cuando alguien sumergía una pluma en el tarro y yo jugueteaba a su alrededor; incluso, a veces, camuflado en ellas, salía al exterior para curiosear, en primicia, alguno de los versos de un poeta, los bocetos de algún principiante y cartas de amor y desamor, cotidianas y excepcionales, breves y espesas.
Algo se me ha pegado, porque ya me estoy enrollando.
Como os decía, no pude evitarlo y caí sobre el papel. Me estrellé contra él en medio de un goterón de tinta (estoy en la cuarta gota, si contáis la más grande).
¡Más cuidado!- pensé-. Alguien me había succionado, y allí estaba, desnudo ante los ojos de un cretino que se jactaba de haber tenido una brillante idea al dibujarme. Tontorrón, si yo ya existía, sólo me has colocado aquí... Pero no me oía.
Nino


Gira la roda, gira, gira...
Y con todos ustedes.... ¡Las pelotitas flotantes! ¡Tacháaaan! Aplausos. En un número nunca visto el último fichaje de nuestro taller circense, las pelotitas flotantes, van a mantener sus barrigas de fieltro suspendidas en el aire durante unos segundos en posición trepadora. ¡Atención niños y niñas! Ahí están... trtrtrtrtrtrtr (redoble de tambor) ... ¡tacháaan! Lo lograron. Mirádlas, mirádlas, es magia. Y pueden hacerlo en todo tipo de contextos, incluso, colgando de vuestro cuello a modo de collar. Y Ninos apareció en nuestro taller, revolviéndolo todo: el orden, los colores, las ideas, el tiempo.
Y no había hecho más que empezar...