
Bombis y Borombis están perdidas. El rastro de Nina se difumina al llegar a esta ciudad de frío y nieve. Sólo saben que él también ha estado aquí, que ha sido internado en el hospital y que alguien se lo llevó casi a hurtadillas.
El registro de San Petersburgo se viste en un edificio antiguo y colmado de grandes estanterías roídas por los años. Una amable funcionaria con gafas les ayuda a llegar hasta la letra N. Con dedos veloces hurga entre decenas de carpetas y sus códigos de barras respectivos. Inspecciona con vocación notarial hasta que alza un sobre amarillento y arrugado del que extrae una cartulina sorprendentemente bien conservada a tenor de cómo se halla el continente.
- Aquí está su pista, señoritas. El árbol genealógico de la familia del tal ... Nino, ¿verdad?
En las manos de Bombis y Borombis está una nueva madeja de enredo, un nuevo aliento, el principio de otro rompecabezas familiar.