Llego a puerto. Un tren de mercancías me lleva a un inhóspito apeadero a las orillas del río Cumberland. Recuerdo vagamente el camino a la ciudad. Un sendero que trae música de banjo y armónica. Conmigo viajan fugitivos, vagabundos, niños perdidos, ladrones de poca monta y alguna dama distraída. Salen de los vagones con la mirada escondida, rápido para no ser descubiertos. Me quedo solo en la plataforma de madera que hace las veces de andén. Solo. Un caballo amarrado a unos metros parece estar esperando a alguien. Me acerco. Le reconozco. Es el viejo Ponyno, el caballo de la familia. ¿Cómo saben que estoy aquí? Llévame, Ponyno, llévame a la ciudad, llévame a casa.
que bonito es Ponyno!
ResponderEliminarun abrazo
Felices fiestas a vosotras y todos los habitantes de vuestro blog!
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