








Peka's World & Co. es el país de las telas. Es como abrir un armario profundo y robusto de patas y sumergirse enmedio de sus trajes, faldas y chaquetas de lana. Entrar en Peka's World es entrar en un mundo de formas geométricas, de colores alegres y de sensaciones confortables.
Lucía es quien ocupa el trono de este país multicolor que abre sus puertas y ventanas en la Calle Orzán, 156 de A Coruña. Ella y sus diseños te dan la bienvenida e irradian entusiasmo constante.
En un rincón de este país podréis encontrar a nuestro Nino, sí. No se lo digáis a nadie pero Lucía le ha preparado una habitación llena de comodidades, unas vistas de ensueño, unos vecinos geniales y un emplazamiento... inmejorable.
Él, que se deja seducir, no ha dudado ni un segundo en hacer las maletas y marcharse para allá. Le encontraréis allí siempre que queráis verle en persona. Aunque es un personaje escurridizo, como sabéis, dice que en casa de Lucía está como en ninguna parte, y creemos que se está volviendo a enamorar... (esto es un cotilleo, que no salga de aquí)
Mil gracias a Lucía por su confianza y por su alegría. Y gracias a Carol por ser el cordón umbilical entre nosotras, por su oportunidad y por ser tan generosa.
... es Nino, efectivamente. Es él.
- ¡Nino! ¡A nuestros brazos! ¡Qué sorpresa! No... no...
- No digáis nada. Os lo contaré todo. ¿Puedo quedarme con vosotras?
Por supuesto que podía quedarse. Nino llegó en una noche estrellada y dió con su relleno de espuma en el taller para decirles a Bombis y Borombis que estaba desesperado, descorazonado, lleno de tristeza. Ellas le escucharon y le sirvieron caldo calentito que le animara las mejillas, y una copa de vino para soltarle el alma. Él les miró a los ojos y les pidió perdón por todo el tiempo en que había estado huyendo y escondiéndose de ellas, viajando por la terra inteira. Tenía un motivo noble: encontrar a su amada. Ellas lo sabían. No cabía la disculpa. Querían ser sus amigas desde la misma noche en que pisó por primera vez el taller. Ellas habían soñado tantas veces con este momento...
Nino dijo que en su juventud se había comportado como un estúpido y que toda su voluntad era reparar los errores del pasado. Los cometidos con Nina, con su madre, con su padre... y claro, con ellas, con Bombis y Borombis.
- ¡Claro que puedes quedarte con nosotras y claro que te perdonamos!
- Gracias... pero he vuelto además porque os necesito... porque vosotras podéis ayudarme a... podéis...
Se sumió en un profundo sueño. Y el nombre de Nina se resbalaba letra a letra de la comisura de sus labios.
Todos en fila: Bombis, Borombis, Nino, Nina, Ninette, Ninochtka, N. Smith, Lizaminina, Piotr el payaso, el enfermero Igor, Zepelinino, Menina, el Nino Quercus... Todos en fila saludan con una sonrisa y una reverencia a sus nuevos compañeros, sus nuevos amigos de cuento: Piniblú, Zález, Gretelain, Mimètik, Mary Chic... Con todos ellos viajarán hasta Cáceres para encontrarse con las manos mágicas de Carolina que al llegar los acogerá todos en un abrazo y les llevará de las mano por las calles de la ciudad, entre los pies, las miradas curiosas, las manos atrevidas y los ánimos divertidos de los visitantes. Y cuando vuelvan, cuando regresen, serán más de lo que eran al marchar. Serán nuevos y más felices.
Gracias, Carol.
La noche tapa el cielo de la ciudad. Desde la terraza Bombis y Borombis contemplan una a una las estrellas que tapizan el cielo azul oscuro. Suspiran. Echan un vistazo al interior del taller y ven desfilar los carretes de hilo hacia el costurero en orden cromático, los botones ordenarse por número de agujeros, las lentejuelas atropelladamente apilarse en diminutos recipientes de cristal, las agujas zambullirse en blanditos soportes de espuma prensada, las láminas de fieltro doblarse una a otra, los lápices de colores tumbarse en sus camas adosadas dentro de una caja de metal, los acrílicos enroscar sus cabezas a los tapones cuidando no secarse durante la noche... Bombis y Borombis sonríen al comprobar que comparten espacio con tan laboriosos elementos, que son educadas y ágiles sus herramientas y que sienten mutuo respeto y cariño.
Sólo piensan en la falta de alguien en ese trajín, sólo saben que si él estuviese aquí...
Un toc-toc les distrae de sus divagaciones en voz baja. Es la puerta de la calle. ¿Quién será a estas horas? ¿Quién puede necesitarlas entrada ya la noche?
Acuden ambas llenas de curiosidad. Al otro lado de la mirilla, silencio. Abren la puerta y sus ojos se llenan de lágrimas emocionadas. Es... es....
El reencuentro con mi madre ha dado verdad a mis recuerdos de infancia. Me ha reconciliado con mi pasado familiar y me ha devuelto la confianza en el amor. Estoy totalmente convencido de mi cruzada para hallar a Nina y confesarle todos los secretos que he callado hasta ahora, todos los sentimientos que ella me ha ofrecido y no he sabido cultivar.
Aunque creo que sé quiénes podrían darme la información que necesito... 
El mundo de Nino es un mundo de gominola, azucarado y tierno. Es un universo de sentimientos emergentes que confluyen en un texto, en una fotografía, en un gesto, en un montón de manos artistas que laten a la vez para conseguir traer un poco de paz a todos los que la necesitan.
Nosotras tenemos en el taller una princesita de la corte, una Menina que ondea sus faldones por los jardines de palacio. Ha decidido subirse a un tren de largo recorrido que le lleva hasta el mismo corazón de este mundo de gominola, hasta Torrelavega. Se lleva de la mano a Piotr el payaso que no para de regalar besos y mec-mecs de su nariz roja por allá donde pasa. Les siguen con las maletas Igor el enfermero ruso que es el encargado de la intendencia del viaje y Eninamorado al que le han salido los colores en los mofletes al pensar que pronto va a encontrarse con Elia... Todos juntos llegarán a su destino para formar parte del gran conjunto de amigos que viajan desde todos los lugares del mundo de gominola para ayudarnos a todos a entender y cuidar de aquellos que enferman y se quieren curar.
Desde nuestro taller partieron de noche y en silencio unos lienzos que...
Continuará...
Y el día llegó. Y en un antiguo apartamento de Bloomsbury, Lizaminina y Nino, madre e hijo se reencuentran por fín. Y han pasado densos años y alegrías a medias. Y ahora se miran.
Nino llega con una nube gris en su corazón. El desasosiego de la incansable búsqueda de Nina ha minado sus ilusiones. Le cuesta entenderla, saber por qué huye después de tantos años de distancia, por qué no ha logrado perdonarle... Y le pregunta a su madre:
- Mamá, ¿Por qué te fuiste y me dejaste solo, pequeño y aturdido? ¿Por qué me dejó Nina?
Y Lizaminina mira a su hijo con ternura, seca sus fugaces lágrimas de desesperación y le responde con todo el tiempo que da el amor. Le dice que ella no le abandonó a él sino a una vida estrecha, cuadriculada, demasiado corta. Pero cometió el error de no llevarle consigo y no se ha perdonado por ello nunca. Le dice que su padre fue un buen esposo pero nunca llegó a comprender del todo que ella era tenía un alma de artista y no podía vivir atada a una casa, a una rutina, a un sinfín de obligaciones.
Lizaminina le dice a su hijo que recapacite, que busque en su memoria los porqués de su ruptura con Nina, de la mentira, de la incomprensión, que nunca deje de saber que ella es del circo como el circo de ella y que la deje decidir.
Se abrazan, lloran un poco y entonces, la nube gris de Nino se convierte en un arco de color.
Volverá a por mí. Lo presiento. Como aquella noche en la que, siendo joven, escapó de la vigilancia de sus padres y se adentró en la espesa humareda de aquel club para sentir la música de cerca. Él, que había aprendido de la mano del maestro Tárrega, jamás se había separado de la rigidez de sus partituras, pero había oido hablar de aquellas sesiones... Sus dedos empezaron a contagiarse del ritmo imperante en el club y casi ciego de emoción no dudó en subir al escenario con su guitarra. Tocó toda la noche, hiló melodías que jamás hubiese imaginado crear, improvisó como sólo haría de nuevo una vez en su vida al declarar su amor por quien, según su familia, no le convenía.
A pesar de todo, sabía que los tentáculos de la música volverían a por él, a arrastrarle a lo que le había unido a Lizaminina en secreto sin que ella lo supiera, a inyectarle de nuevo esa espontaneidad que quedaba tan lejana a su imagen proyectada...
Hace montones y montones de años vivía en la corte real la pequeña Menina.
Era una muchacha encantadora. Tenía un sedoso pelo ondulado que cepillaba todas las noches antes de acostarse y que recogía siempre a un lado con una delicada cinta de raso verde.
El verde era su color, era el color del campo, del olor a hierba, de sus paseos matutinos, de los juegos con sus amigas en el jardín.
Menina disfrutaba de la libertad de la nobleza. Libertad entre murallas y con enaguas no era libertad. Ella soñaba con viajar, recorrer las calles de la villa y perderse entre los bazares, los patios, los recovecos... Ella quería ver mundo y que el mundo la conociese a ella, sin joyas, sin lujos, sin aparatajes. Sencilla como era. Sin más.
Menina y Nino. Un cordón familiar muy largo les une y les separa, y aunque son muchos los años que restan entre sus vidas, ambos viven ansiando la libertad.
La Menina es para SEDNA. Ella es su justa ganadora. Ella es libre, como SEDNA.
El, en este caso la, antepasado de Nino es ni más ni menos que MENINA.
Deberíamos irnos muy lejos en la cronología ninística para contar la historia de este personaje pictóricamente tan conocido pero nos conformaremos con mostrar su réplica blandita dentro de unos día, y quién sabe, quizás con el tiempo... sepamos qué papel tiene la antigua Menina en la historia de Nino y su devenir por el mundo.
Como tenemos la cámara fotografiadora del sorteo de baja, no hay prueba documental que avale lo que vamos a anunciar pero seguro que confiáis en nuestra imparcialidad y buena fe.
La ganadora del sorteo-concurso cuyo nombre escrito en un trocito de papel ha sido elegido al azar entre un montón de otros trocitos de papel escritos con todos los nombres dentro de un sombrero de verano es:
Un atardecer en el mar. Flotando en el agua siento las corrientes submarinas que mueve mis pies. Algas viajeras se enredan entre los dedos y me hacen cosquillas. La brisa que se oscurece levanta ráfagas de mar que mojan mi flequillo. Se ha hecho tarde sin darme cuenta. He salido a nadar como un corcho y se ha pasado el tiempo volando. Justo frente a mí veo surgir entre el oleaje un cachibache amarillo chillón, una especie de tentáculo metálico con un cristal en el extremo. Me asusto un poco la verdad, pero la curiosidad no me aleja. La lente me mira. Mejor dicho, desde la lente me miran.La lente se aproxima y distingo en su interior unos ojos conocidos... ¡Es mi madre! ¡Y es Nina! ¡Y mi padre! Y... ¡Bombis y Borombis, mi tía Ninotchka, Tanino, Ninette...! Están todos ahí, todos me miran con sorpresa, con temor, con ojos de... ¿pena? Entonces recojo mi mirada para encontrar mis pies y descubro una gran sombra amarilla debajo de mi cuerpecito enclenque anclado en un flotador ridículamente grande. ¡Horror, es un submarino! Y parece que va a subir a la superficie... ¿con todos ellos en su interior? ¡Horror! ¡Horror! No puedo nadar, el flotador se encge, me asfixia el abdomen... quiero huir, quiero HUIR, HUIR, HUIR...
Nino despierta empapado de sudor, colorado, con las legañas que le cierran los ojos. Todavía en el autobús de viaje a Londres, ha caído de cansancio, rendido ante el sueño.